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jueves, 12 de junio de 2008

Allium sativum







Esta planta tan bonita es un ajo en flor. En el título tenéis su nombre científico.

Indudablemente, conocéis sus propiedades gastronómicas.
No es tan seguro que sepáis que algunos hortelanos utilizan los dientes de este bulbo para alejar parásitos de sus cultivos, enterrando algunos de ellos hasta la mitad, alrededor de las plantas que desean proteger.

También debemos suponer que los vampiros de capa y fea sonrisa, son seres que actúan con prejuicio e ignorancia, al rechazarlo de manera tan rotunda. Evidentemente, desconocen que el ajo es anticoagulante y un antibacteriano de amplio espectro.
Aunque, pensándolo bien, tal vez no sea una cuestión de prejuicios: también es antiparasitario en los seres humanos, y ¿cómo esta característica podría gustarles?

Y si nos centramos en el aspecto del bulbo, debemos admitir que es agradable a la vista, por su simetría; y al tacto, por la suavidad de su envoltura... Agradable, a pesar de que sea una cabeza en la que sólo hay dientes.

viernes, 11 de abril de 2008

Hortalizas






No soy Proust. No sé encontrar en esta maravillosa hortaliza que aquí muestro, lo que el narrador-poeta encontró en los espárragos, en "Du côté de chez Swann": esa fantástica espiritualidad vegetal que me hace pensar que cometo un sacrilegio cuando los saboreo.


Por lo tanto, me limito a un humilde homenaje visual a esta col ornamental, hija de la huerta que logró llegar al jardín.



Sugiero visitar el sitio del Castillo de Villandry, ubicado en Francia. Una parte importante de sus jardines son, en realidad, huertas diseñadas con criterio decorativo.
Por otra parte, todo el sitio es una maravilla. Tomad el tiempo necesario para un paseo placentero.

jueves, 6 de marzo de 2008

La inteligencia de las flores (fragmento)


Recordad los magníficos esfuerzos hacia la luz de las ramas contrariadas, o la ingeniosa y valiente lucha de los árboles en peligro.

Yo no olvidaré nunca el admirable ejemplo de heroísmo que me daba el otro día, en Provenza, en las agrestes y deliciosas gargantas del Loup, embasamadas de violetas, un enorme Laurel centenario. Se leía fácilmente en su tronco atormentado, y, por decirlo así, convulsivo, todo el drama de su vida tenaz y difícil. Un pájaro o el viento, dueños de los destinos, había llevado la semilla al flanco de una roca que caía perpendicularmente como una cortina de hierro, y el árbol había nacido allí, a doscientos metros sobre el torrente, inaccesible y solitario, entre las piedras ardientes y estériles.
Desde las primeras horas, había enviado las ciegas raíces a la larga y penosa búsqueda del agua precaria y del humus. Pero eso no era más que el cuidado hereditario de una especie que conoce la aridez del Mediodía. El joven tronco tenía que resolver un problema mucho más grave y más inesperado: partía de un plano vertical, de modo que su cima, en vez de subir hacia el cielo, se inclinaba sobre el abismo.
Había sido, pues, necesario, a pesar del creciente peso de las ramas, corregir el primer impulso, acodillar, tenazmente, ras con ras de la roca, el tronco desconcertado, y mantener así _como un nadador que echa atrás la cabeza_ , con una voluntad, una tensión y una contracción incesantes, derecha y erguida en el aire, la pesada y frondosa corona de hojas.
Desde entonces, en torno de ese nudo vital, se habían concentrado todas las preocupaciones, toda la energía consciente y libre de la planta. El codo monstruoso, hipertrofiado revelaba, una por una, las inquietudes sucesivas de una especie de pensamiento que sabía aprovecharse de los avisos que le daban las lluvias y las tempestades. De año en año se hacía más pesada la copa de follaje, sin más cuidado que el de desarrollarse en la luz y el calor, mientras que un chancro oscuro roía profundamente el brazo trágico que la sostenía en el espacio.
Entonces, obedeciendo a no sé qué orden del instinto, dos sólidas raíces, dos cables cabelludos, salidos del tronco a más de dos pies por encima del codo, habían amarrado a éste a la pared de granito.
¿Habían sido realmente convocados por el apuro, o esperaban, quizás previsores desde los primeros días, la hora crítica del peligro para duplicar su auxilio? ¿No era más que una feliz casualidad?

¿Qué ojo humano asistirá jamás a esos dramas mudos y demasiado largos para nuestra pequeña vida?

Maurice Maeterlinck


domingo, 2 de marzo de 2008

Lilos cultivados en España

Bonsai de Lilo (syringa vulgaris)

Especies de lilos cultivados en España.

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